Hay momentos en los que todo parece difuso. Caminas, te esfuerzas, haces todo “lo correcto” y aun así, algo se siente vacío. Como si faltara un hilo invisible que te conecte a un sentido más profundo.
Ese hilo existe y se llama Dios, Fe, Universo, Vida, Energía divina. Llámalo como tu alma lo reconozca, pero está ahí… esperando que lo mires.
No necesitas recitar una oración perfecta. Basta un suspiro honesto. Un silencio profundo. Un momento de rendición interna donde dejas de «pelear» con la vida… y te permites confiar.
Conectarte con un poder superior no significa esperar que todo salga perfecto. Significa recordar que no estás sola(o). Que hay un orden, un guía, una inteligencia más grande que tú… y que estás sostenida(o).
Cuando dejas de controlar todo, lo que es para ti encuentra el camino. Cuando dejas espacio para Dios, para lo divino, para lo sagrado… la paz entra.
Y desde ahí, desde ese centro de conexión, puedes crear. Puedes decidir. Puedes avanzar con propósito.
No se trata de religión, se trata de verdad interior, de volver a casa, de escuchar esa voz que te dice: vas bien. Esa voz que no juzga, que no corre, que no grita. Esa voz que susurra y sostiene. Que da fuerza cuando no queda nada.
Recuerdo que el año pasado escribí a mi familia algo que hoy vuelve a mí: “Agradezco a mis padres por haberme inculcado la fe, por permitirme tener a Dios en mi corazón y saber que no estoy sola, que alguien me sostiene, me acompaña”.
Por eso, cuando alguien me pregunta: “Karla, ¿cómo le haces para estar tan lejos de tu familia, tan sola?”, mi respuesta es clara: no estoy sola. Porque donde sea que vaya, siento el cobijo, la certeza y el amor de un Dios que me cuida y me guía.

Dios es como un faro encendido en la noche.
No importa cuán densa sea la niebla, cuán oscuro esté el cielo o cuán perdidas parezcan tus fuerzas…
Su luz permanece, constante, amorosa e inmutable.
Si eliges mirar hacia Él, no te perderás.
Porque no importa cuántas veces te alejes del camino,
Él siempre estará ahí, con los brazos abiertos, esperando que regreses.
Te invito a creer, a confiar, a dejarte llevar por ese Dios amoroso que todo lo puede y que te ama tal como eres.
Hoy es un buen día para recordarlo: tu fuerza no está solo en ti, sino en todo lo que te sostiene desde lo invisible.
Confía, respira, pide guía y camina.
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Jesucristo (Juan 8:12)
Karla Fabiola Barajas Pérez – Doctora en Tecnología Educativa, líder en transformación digital e innovación.
Apasionada por la inteligencia artificial, la educación tecnológica y el poder de las palabras para inspirar y transformar.


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