El poder de lo pequeño

No son los grandes saltos los que cambian tu vida…
Son los pasos pequeños, constantes, invisibles, esos que nacen en silencio y que parecen insignificantes, los que un día transforman todo.

Un libro leído no transforma tu vida…
pero diez, veinte o cien, sí lo harán.

Una hora de estudio hoy no parece cambiar nada…
pero un año entero de estudio disciplinado puede convertirte en alguien completamente distinto.

Un simple “no” a lo que no te nutre puede pasar desapercibido…
pero cuando aprendes a decirlo de manera constante, tu vida se abre a lo que sí te construye.

Cada detalle cuenta. Cada acción suma.
Como gotas de agua que, solas, parecen débiles…
pero juntas forman mares, ríos, océanos.

En Japón existe un arte llamado kintsugi.
Cuando una vasija se rompe, no la desechan en cambio la reparan con oro. Cada grieta se convierte en belleza. Cada fractura, en fortaleza.

Como en el kintsugi, lo pequeño no desaparece, se convierte en la base de lo extraordinario.

Y pienso que así somos nosotros.

Cada día que sembramos disciplina, aunque nadie lo vea, aunque parezca que no hay resultados, estamos llenando nuestras grietas de un oro invisible.

Echando raíces profundas que un día sostendrán algo extraordinario.

Y lo sé porque lo vivo cada día.
Cuando la noche llega y mi cuerpo se desploma en la cama, agotado tras horas de estudio, trabajo y esfuerzo, siento la paz de haber cumplido. Ese cansancio no es vacío, es satisfacción. Es mi cuerpo diciéndome: “Hoy diste todo. Hoy avanzaste.”

Vivimos en un mundo acelerado que exige resultados inmediatos.
Pero la vida… no funciona así.

Cada página que escribes,
cada palabra nueva que aprendes en otro idioma,
cada hora que dedicas a un sueño,
es como un grano de arena cayendo en el reloj.

Parece poco. Parece lento.
Pero un día, sin que lo notes… el reloj se cumple.

Por eso hoy quiero decirte que no subestimes tus pequeñas acciones.
Aunque no veas aún los frutos, aunque el proceso parezca eterno, sigue, no te detengas.

Porque la vida no se mide por los grandes saltos,
sino por la constancia de tus pasos.

La verdadera pregunta no es “¿Cuándo veré resultados?”
La verdadera pregunta es “¿Soy lo suficientemente disciplinado para que los resultados no tengan más remedio que aparecer?”

Porque cuando deseas algo como respirar, no queda espacio para procrastinar. Solo para crear.

Los imperios no se construyen en un día… pero sí se construyen todos los días.

El éxito es la suma de pequeños esfuerzos, repetidos día tras día.

Robert Collier

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Karla Fabiola Barajas Pérez – Doctora en Tecnología Educativa, líder en transformación digital e innovación.
Apasionada por la inteligencia artificial, la educación tecnológica y el poder de las palabras para inspirar y transformar.

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