Hay momentos en la vida en los que el alma te exige ir más allá. Te pide dejar atrás lo que ya no vibra contigo, soltar las sombras que, de tanto habitarlas, te hicieron creer que eran tu hogar.
Este fin de semana viví una de esas experiencias que transforman. Participé en un entrenamiento intensivo donde, entre ejercicios de reflexión y acción, realizamos uno que marcó mi corazón. Nos entregaron una flecha, sí, una flecha real, y nos explicaron que su punta se colocaría en nuestra garganta. La instrucción era clara: “Atraviésala. Atraviésala con la fuerza de tu intención, con la decisión de tu alma.”
Cuando escuché el ejercicio, mi mente estaba dispersa, en otro sitio, preguntándose qué tan simbólico o real sería aquello. Pero al ver el material y firmar la responsiva entendí que esto iría más allá; era un portal hacia tu propio poder.
Nos reunimos en grupos. Vi a mis compañeros con esa mezcla de nervio y determinación que reconoces cuando sabes que todos estamos ahí buscando lo mismo. Uno avanzó, y yo, decidida, me acerqué. Me sentí vulnerable. Sentí miedo. Sentí fuerza. Me repetía: “Lo puedo hacer, lo puedo hacer.” Nunca dudé de que podía, pero mi mente aún no terminaba de asimilarlo. Sostuve la flecha frente a mi garganta, cerré los ojos y mi cuerpo comenzó a temblar. Escuchaba a todos gritar a mi alrededor:
— ¡Usa eso! ¡Usa ese dolor! ¡Atraviesalo! ¡Tú puedes!
Mientras tanto, mi mente solo repetía lo que quería dejar atrás. Me invadió un llanto silencioso, profundo, ese llanto que no proviene del cuerpo, sino de lo más recóndito de tu alma. Y en un segundo, cruce. Solo escuché el crujir de la flecha quebrándose. Un sonido liberador, un eco que me decía:
“Hoy dejaste esa sombra atrás.”
Me abrazaron, me felicitaron, sentí su energía, su impulso. Fue un momento de absoluto amor colectivo, porque cuando rompes tus miedos frente a otros, algo en ellos también se libera. Uno a uno seguían pasando, algunos lloraban, otros gritaban con fuerza.

Ese día confirmé algo que desde hace años he aprendido: elige bien a quién dejas entrar en tu vida. Rodéate de personas que te impulsen, que confíen en ti incluso cuando tus rodillas tiemblen. Abona y cuida esas relaciones como un árbol de frutos nobles.
Y de aquellos que no crean en ti, no te preocupes. Su destino no está en tus manos. La vida y sus leyes se encargan. Tú, mientras tanto, enfócate. Vibra alto. Sigue tu intuición. Abraza tu grandeza y recuerda que solo tú puedes decidir si permaneces en la sombra o atraviesas hacia la luz.
Hoy más que nunca sé que he nacido para brillar, para construir un camino de impacto y abundancia. Y si algo puedo decirte es:
Atrévete a atravesar tus miedos. Lo que sueñas te espera del otro lado.
La cueva que temes entrar guarda el tesoro que buscas.
Joseph Campbell
Karla Fabiola Barajas Pérez – Doctora en Tecnología Educativa, líder en transformación digital e innovación.
Apasionada por la inteligencia artificial, la educación tecnológica y el poder de las palabras para inspirar y transformar.
- ⚠️ Aviso importante: Este ejercicio fue realizado bajo la supervisión de personal certificado, con instrucciones específicas y firma de responsiva de seguridad. No intentes realizar este tipo de dinámicas sin el acompañamiento adecuado y entrenamiento especializado. ↩︎


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